PIENSO, LUEGO ESCRIBO/ BUENAS HISTORIAS



“Al Tío Raúl,  hasta el cielo, con inmensa gratitud y admiración”

Por Akiles Boy *

Las historias se conectan directamente con las emociones, imposible separar una buena narración o relato del aspecto emocional. El éxito de los filmes, melodramas y series se debe a la emoción que trasmiten los personajes, las situaciones y vivencias. Las historias que gustan y atrapan a las audiencias, tienen este ingrediente y son aquellas que permanecen más tiempo al aire y después en la memoria social.

Los que escriben tienen licencia para ser irreverentes, arriesgados y  crear escenarios inéditos, diferentes, otras versiones para su medio y el mundo. Por eso dicen que el ser humano tiene la capacidad de reinventarse y de reinventar. Ahora, la comunicación global lo favorece y sirve para empoderar nuevas formas de creación en la cultura de los pueblos. El ingenio es ilimitado y en la construcción de historias el autor puede evidenciar un hecho real o recrear una situación ficticia. Otra opción  es elaborar un guion con elementos de la realidad, entreverados con la ficción.

Dicen que recordar es volver a vivir. Traer del pasado al presente, pasajes de nuestra vida, que fueron inolvidables, que nos movieron o conmovieron, que  dejaron huella en nuestra historia personal y familiar. Hace unos días, mi hermano Pancho nos comunicaba el fallecimiento del Tío Raúl, no pude evitar sentir una profunda tristeza. Nostalgia, por los pocos, pero gratos y emotivos encuentros con  él. De sus viajes a Pánuco, de visita a nuestra sencilla casa. De su generosidad y solidaridad con su querida hermana Adela, mi adorada madre, quien se esmeraba en atenderlo. Siempre pensé en ¿cómo se le hace para crear una gran fraternidad en la familia?. Ellos tuvieron la respuesta, amor, unión, comprensión, solidaridad.

El Tío Raúl, sin saberlo o aceptando esa responsabilidad, se convirtió en una suerte de líder de una familia, de esos tiempos en México, estamos hablando de los cincuentas del siglo pasado. La abuela María Luisa, quien  apechugó la crianza de siete hijos, lo perfiló a esa tarea, porque sintió y le vio atributos, por esa razón le daba atención preferencial. No se equivocó, el Tío Raúl sería un factor de unidad y su aportación sería importante en una familia con coraje y ganas de crecer, talento había de sobra.

Estudió en Xalapa, en la Benemérita Escuela Normal Veracruzana “Enrique C. Rébsamen” y partió al sur a ejercer con pasión su profesión. Se casó con la Tía Humbertina, también profesora y el destino los hizo quedarse en esas tierras al lado de sus cuatro hijos. La querida Tía Tina fallecería dos antes,  en un desenlace inesperado, del que solo Dios puede tener una explicación. Dicen que “Lo que se siembra, se cosecha” en un portal informaron del deceso del Tío Raúl y leía muchos comentarios de familiares, amigos y de exalumnos que expresaban sus condolencias a la familia y hacían referencias, reconociendo sus cualidades como ser humano y profesional, muchos escribieron “de aspecto siempre impecable”. Para nosotros siempre será un referente y paradigma del gran luchador, generoso y solidario Tío. Hasta la próxima.

Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

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