Metapolítica / Gregorio Jácome Moreno/ Enrique Peña el demócrata

En la Feria del Libro de Guadalajara 2011 supimos de que estaba hecho Enrique Peña Nieto, entonces candidato del PRI, a la Presidencia de la República. No supo decir el nombre de tres libros y sus autores. Se casó en segundas nupcias con una actriz de telenovela después de que su primera esposa había fallecido por causas desconocidas. Su carrera política parecía un guion escrito ex profeso para la televisión.

En el Estado de México sucedió lo que se repitió en la Presidencia de la República, fueron otros los que gobernaron por él, sus asesores palidecían cuando hablaba en público ya que no tenía las tablas y el conocimiento suficiente para improvisar una respuesta o para enfrentar solo y con éxito a la prensa. Las veces que se salió del script le fue verdaderamente mal, confundía ciudades con estados, leía mal el inglés y en caso verdaderamente extremo de la insensatez llegó a decir que el número 5 era menor a 1.

Durante su mandato que termina el 30 de noviembre de este año, impulsó en concubinato legislativo con el PAN, dos reformas fallidas, por un lado la energética que ha llevado a millones de mexicanos a ver disminuido su ingreso con el aumento desmedido de los precios en la gasolina y el gas natural. En lo educativo, se trataba en parte de disminuir los cotos de poder de los sindicatos, y pues no, muchos de los líderes continúan con sus antiguos privilegios y hay maestros que cobran más de cinco plazas.

En este último año de gobierno, en pleno proceso electoral, sus asesores le han recomendado emprender una campaña utilizando las instituciones del estado en dos vertientes, como operadores electorales a favor del candidato Meade mediante la utilización de los programas sociales, y por la otra, sesgando las instancias judiciales para acelerar los procesos de investigación por presunto lavado de dinero del candidato del PAN Ricardo Anaya, a quien se le debería aplicar la Ley sin más, al igual que los involucrados en los desvíos millonarios de SEDESOL como Rosario Robles y el propio Meade.

¿Qué le queda al Presidente Peña Nieto?. Ya pasó a la historia como el mandatario más ridiculizado, sobre todo en las redes sociales, donde un día y otro también surgen memes que lo caricaturizan. Sin embargo, tiene ante sí la oportunidad de reivindicarse ante la historia. Y convertirse en un demócrata no al estilo de Madero pero sí de Zedillo. Es decir, sacar las manos del proceso electoral y que este transcurra con sus propios ritmos y sinergias. Y por otra parte, reconocer el triunfo inminente de Andrés Manuel que a tres meses de la elección continua arriba por dos dígitos, ventaja ya irreversible. Y finalmente permitir una transición de madurez política donde el beneficiado inmediato sea México en su conjunto.

 

 

 

 

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